Peregrinos y Peregrinaciones
(testimonio de Fr. Jesús Gutiérrez, agustino)
Tuve el privilegio, con la autoridad de mis Superiores, de vivir y estudiar mi especialización en la Biblia en la Ciudad Santa de Jerusalén, en años finales de los setenta y comienzos de los ochenta del siglo pasado. Y tuve la fortuna también de realizar dichos estudios bíblicos en el Estudio Bíblico Franciscano, que los seguidores del Poverello tienen en esa ciudad de Tierra Santa. Fueron años felices, debido a la convivencia de numerosos estudiantes, que proveníamos de diferentes países y, en especial, por la convivencia cotidiana con nuestros profesores franciscanos. Nuestras mutuas conversaciones, sinceras y distendidas, fueron una fuente de enriquecimiento intelectual y práctico para nosotros estudiantes y bisoños en aquella sociedad oriental, tan compleja y rica de historia.
Fueron años alegres, felices para nosotros jóvenes estudiantes, aunque de muchas horas de estudio, preparación de temas y exposiciones. De manera especial, disfrutábamos con nuestras visitas a los lugares bíblicos, asentamientos, Tels, que aparecen en los textos sagrados, como óptimo complemento al estudio de la geografía bíblica y la historia. Nunca pensé que dichas materias pudieran entusiasmarme tanto sus lecciones; de hecho, las he utilizado con frecuencia en mi docencia y guiando a grupos de peregrinos, en años posteriores hasta hoy. En aquellos años, tuvimos la suerte de movernos por Tierra Santa con facilidad, sin apenas obstáculos ni controles constantes, en nuestros desplazamientos de un lugar a otro y empaparnos de la sabia y erudita erudición de nuestros profesores franciscanos, que eran nuestros guías. Al final de la jornada, y después de visitar y tomar notas de los lugares y ciudades bíblicas de la antigüedad, volvíamos fatigados y extenuados, pero con buenas informaciones de geografía, historia, arqueología, bíblicas. Aquellas jornadas lectivas, “in situ”, contemplando y adentrándose en la historia, de los asentamientos humanos y ciudades, mencionadas en la Biblia, fueron días inolvidables para nosotros. Significó, para nosotros jóvenes estudiantes de la Biblia, una distinta metodología, un nuevo método impensable antes. Podíamos adentrarnos en el estudio de la Biblia en una doble perspectiva: como Palabra de Dios y como literatura, redactada por hombres que vivieron en una orografía física, es decir, en ciudades o asentamientos más reducidos. Y, leer después, en calma, los pasajes bíblicos de los lugares visitados, y ordenadas las explicaciones recibidas, “in situ” por los sabios profesores acompañantes, el texto sagrado tenía otro “paladar” y otra dimensión.
Terminados mis estudios bíblicos en Tierra Santa, regresé a mi Provincia religiosa agustiniana. Mi experiencia juvenil en Jerusalén y los conocimientos adquiridos allí continúan muy presentes en mi vida, religiosa y docente (aunque ahora jubilado). He continuado visitando la Tierra bendecida por Dios, a través de la encarnación de su Hijo en la humanidad frágil y perecedera de una virgen de Nazaret: “he aquí la esclava del Señor”; respuesta humilde y perenne a un Dios que la pidió el favor de que fuera la madre de su Hijo, hecho hombre. En mis numerosas ocasiones que he peregrinado a Nazaret, Belén, Jerusalén (=Tierra Santa) con peregrinos, he procurado siempre inculcarles mi gran amor por esa tierra, bendecida por Dios, y su mensaje perenne, con los Evangelios en la mano. Por eso, el peregrinar (=“ir, caminar, a través de los campos”) a la tierra de los Evangelios, no se puede comparar con un mero viaje turístico que realizan millones de personas en su época veraniega. Para un cristiano y peregrino, que peregrina, visita, Tierra Santa, es mucho más: es encontrarse con Jesús, en su propia tierra, el profundizar mi fe, familiarizar día a día con su mensaje, dejar que la fuerza del Jesús resucitado transforme constantemente mi vida cristiana y me ayude a vivir con responsabilidad y alegría.
Las lecturas de algunas parábolas de Jesús, cruzando el Lago de Galilea, sus minutos de silencio y los cánticos finales, constituyen una experiencia única, siempre presente, en el peregrino que nunca se le borrará en su vida. Y, desde esta perspectiva, es como busco despertar en el peregrino su amor por la tierra que está pisando, una vez en su vida, o quizás repita la experiencia. Es, como afirmaba San Jerónimo, que vivió muchos años retirado del mundanal ruido en su cueva de Belén, que Tierra Santa es para un cristiano el “Quinto Evangelio”.
Cierto que la peregrinación a la tierra de Jesús no siempre ha estado libre de peligros y hemos tenido largos períodos sin poder viajar allí. Cierto que los avatares sociales, políticos, guerras han estado muy presentes en la Tierra de Jesús. La constante e inesperada inestabilidad de aquella zona del Oriente Medio; el seguir por parte de los moradores de esos lugares a los nuevos “mesías” o “profetas”, y alejados de esos lugares, y que no tienen que lidiar con los resultados de sus oráculos, han causado muchos males a los habitantes de esa tierra y espantando a los peregrinos de peregrinar a la Tierra de Jesús. En este punto, los seguidores de San Francisco de Asís nos ofrecen un maravilloso ejemplo de su constancia, amor, perseverancia, fidelidad a Tierra Santa y su mensaje, a pesar de los múltiples peligros y vidas humanas que han sufrido a lo largo de sus ocho siglos que llevan viviendo allí. San Francisco de Asís peregrinó a Tierra Santa, siglo XIII, y los Franciscanos han sabido mantener la llama viva y su amor a Tierra Santa que los inculcó su fundador. En el pasado supieron mantener la presencia cristiana en aquella tierra bendita para los seguidores de Jesús y, hoy, siguen ayudando a los cristianos en sus numerosas actividades y trabajos que dirigen, contribuyendo al desarrollo y a la permanencia de la presencia cristiana en aquellas tierras. Por eso, sus continuas llamadas a los cristianos del mundo a seguir peregrinando a Tierra Santa, y así ayudar a los cristianos que sufren los continuos efectos de las guerras y conflictos sociales. En este tema, una vez más, hemos alabar la paciencia infinita de los hijos de San Francisco por mantener la esperanza de superar las graves dificultades que aparecen, inesperadamente, en aquella tierra santa y sus duras secuelas.
Que el nuevo Papa León XIV, agustino como yo, aporte su ciencia y misión para superar los momentos duros que sufren, en estos momentos, habitantes de Tierra Santa. Ya lo apuntaba también el llorado y recordado Papa Francisco, en su obra para el Jubileo de la Esperanza: “La esperanza no defrauda nunca”, y terminaba con estas palabras de aliento a seguir peregrinando: “a todos nos toca organizar la esperanza y traducirla en la vida concreta de cada día, en las relaciones humanas, en nuestro vínculo con el planeta, en el compromiso social y político. ¿Me acompañan en esta peregrinación?”.
P. Jesús Gutiérrez, OSA
Os dejo los folletos de las tres peregrinaciones a Tierra Santa de este verano:
DEL 5 AL 12 DE AGOSTO (DEL 5 AL 14 DE AGOSTO CON POSIBILIDAD DE IR A JORDANIA)
DEL 5 AL 12 DE AGOSTO (DEL 5 AL 14 DE AGOSTO CON POSIBILIDAD DE IR A JORDANIA)
DEL 9 AL 16 DE SEPTIEMBRE (DEL 9 AL 18 DE SEPTIEMBRE CON POSIBILIDAD DE IR A JORDANIA)
** Para cualquier consulta o duda, se puede contactar con nosotros por teléfono (y whatsapp) en el 635264331, o a través del correo electrónico
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