Conmemoración de todos los fieles difuntos: la esperanza en la vida que nunca termina

En la iglesia de San Salvador, el párroco frey Rami Asakrieh preside la celebración de la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, invitando a los fieles a vivir este día como un tiempo de oración y esperanza en la resurrección.
La muerte como paso y no como final
Durante su meditación, frey Asakrieh recordó que la muerte, aunque sigue siendo una realidad que toca a cada persona, puede ser acogida como parte integrante del camino humano y cristiano.
"En el corazón del hombre hay una chispa de eternidad," dijo el párroco, "que lo impulsa a creer que la muerte no es el final, sino un paso hacia la vida que no termina."
Recordando las palabras del libro de Job, "Yo sé que mi Redentor vive," subrayó la confianza de quien reconoce en Dios a un Redentor que espera a cada hombre más allá del umbral de la muerte.
La victoria de Cristo sobre la muerte
La homilía también se centró en el significado cristiano de la muerte, vista a la luz de la resurrección de Cristo. "En Jesús, muerto y resucitado, Dios ha vencido la muerte y ha abierto para nosotros el camino de la vida eterna," recordó frey Asakrieh.
La muerte, por tanto, ya no es una pérdida, sino un encuentro con Dios, como se expresa en el Evangelio: "Esta es la voluntad del Padre, que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día."
Frey Rami recordó también la enseñanza de san Francisco de Asís, que llamaba a la muerte "hermana," signo de la paz interior de quien confía en Cristo.
La fe que ilumina el dolor
Para los cristianos, la fe en la resurrección da sentido y luz incluso al duelo. Los primeros discípulos llamaban a los cementerios "lugares de descanso," indicando que la muerte no es la conclusión, sino una espera de la vida plena en Dios.
"No vivamos este día con tristeza," dijo frey Asakrieh, "sino con la esperanza viva de que nuestros seres queridos viven en la paz de Dios."
Recordó también las palabras de santa Teresa del Niño Jesús, que, ante la muerte de su padre, rezaba: "No te pregunto, Señor, por qué me lo has quitado, sino te doy gracias porque me lo has dado."
Un gesto de preparación y servicio
En vista de la conmemoración, el 30 de octubre, los frailes y estudiantes de la comunidad de San Salvador, junto con la comunidad del Cenacolino, participaron en una jornada de trabajo comunitario.
La iniciativa tenía como objetivo cuidar y dar decoro al cementerio de los frailes de la Custodia, extendiendo el servicio también al cementerio parroquial de Jerusalén.
Participaron en la actividad 25 frailes, entre estudiantes, sacerdotes y religiosos, en un momento de colaboración y fraternidad al servicio de la comunidad.
Un gesto sencillo, pero significativo, para prepararse espiritual y concretamente a la conmemoración de los difuntos y recordar con respeto a quienes sirvieron a la Iglesia en Tierra Santa.
¡FELIZ FIESTA DE TODOS LOS SANTOS Y DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS!
*Fuente: Tomado de Custodia Terrae Sanctae

